¿A qué llamamos reforzamiento diferencial?

Por Mauro Colombo - 18/08/2018 

Una herramienta de gran utilidad en la clínica, educación y la vida diaria



  Ernestoeslava / Pixabay

Lucas, un niño de 8 años de edad con autismo, asiste a una escuela especial desde hace algún tiempo. Siempre ha participado de sus clases en forma activa y mostrando interés cuando se le enseñaba. Sus docentes con frecuencia lo felicitaban, pero últimamente ha empezado a mostrar conductas tales como gritos, burlas a sus maestros y otros comportamientos disruptivos. Lucas se está ganando de parte de sus profesores la etiqueta de oposicionista.

La pequeña viñeta clínica, creada por un servidor pero no tan diferente a situaciones que se repiten día a día en consultorios, centros terapéuticos y escuelas, me va a permitir responder a la pregunta que da origen al presente artículo. Cuando nos referimos a reforzamiento diferencial, estamos hablando de un procedimiento derivado del análisis de la conducta y que contiene en líneas generales dos aspectos. Por un lado, el reforzar ciertos comportamientos objetivo. Por el otro, poner bajo extinción otro/s que por alguna razón (entorpecer el aprendizaje, ser agresivo, etc), no son considerados apropiados para la persona y su vida en sociedad.
Explicaré brevemente los términos refuerzo y extinción. Se denomina refuerzo a toda consecuencia que aumente la probabilidad futura de ocurrencia de un comportamiento. Existen dos tipos de refuerzo, por un lado el positivo (+), que consiste en el agregado en el ambiente de algo nuevo a consecuencia de una conducta, y el negativo (-) que es la retirada un estímulo como consecuencia de un comportamiento. Más allá de que se agregue o que se quite algo del ambiente, lo fundamental en el refuerzo son dos cuestiones:

  • siempre aumenta la probabilidad de ocurrencia de una conducta a futuro
  • se define por su función. Esto significa que a priori nada es refuerzo (o castigo), sino que depende de si la conducta se incrementa a futuro o no.

Un halago de la maestra al niño que acaba de realizar una tarea podría ser un reforzador positivo (si el niño en el futuro continúa o aumenta su conducta de realizar la tarea); mientras que si el mismo chico grita al recibir un trabajo de su docente y como consecuencia ésta lo retira, habrá reforzado negativamente (si el pequeño en el futuro sigue repitiendo este accionar), el comportamiento de gritar del alumno.
Vayamos ahora a la extinciónSi a un comportamiento que ha sido reforzado previamente se lo deja de reforzar, el mismo gradualmente irá disminuyendo su ocurrencia hasta desaparecer.
Un ejemplo es el siguiente. Cada vez que llego a mi edificio pulso el botón del ascensor y este siempre viene (mi conducta es reforzada positivamente). Un día, al llegar, presiono el botón pero el ascensor no aparece (el comportamiento ya no es reforzado). Aprieto, aprieto varias veces rápido, grito “ascensor” mientras presiono fuerte pero el mismo no llega jamás, hasta que finalmente me doy por vencido y subo por escaleras los nueve pisos que me separan del departamento.
En la situación pueden verse todos los componentes de la extinción:

  • una conducta previamente reforzada
  • en cierto momento el refuerzo desaparece
  • el comportamiento luego de un tiempo cesa.

Se observa además un fenómeno muy importante y que jamás debemos pasar por alto al recomendar o realizar un procedimiento de este tipo: lo que se denomina pico de extinción. Antes de que el comportamiento desaparezca, puede aumentar su frecuencia, intensidad o duración (a veces todas estas dimensiones juntas). Incluso pueden aparecer conductas novedosas y emocionales (en nuestro ejemplo podría ser gritar y presionar fuerte).
Si desean leer más sobre estos principios de conducta, además de comprender como somos afectados por ellos independientemente de que conozcamos su existencia, les recomiendo clickear aquí aquí.
Ahora volvamos a nuestro pequeño.

¿Cómo podría aplicarse reforzamiento diferencial en el caso de Lucas?


Supongamos que su análisis funcional del comportamiento (para interiorizarse sobre AFC pueden leer esto y esto) nos lleva a la hipótesis de que los comportamientos del niño están siendo mantenidos por atención. Mientras se encuentra trabajando apropiadamente en el aula, pasa inadvertido. Los docentes no atienden a él y conforme ha pasado el tiempo, las felicitaciones y feedbacks verbales que le daban por la correcta realización de las tareas y colaborar en clase, disminuyeron e incluso desaparecieron. No obstante, en cuanto aparece una mala conducta, las reprimendas no se hacen esperar. ¿Qué ha sucedido en nuestro hipotético caso, que de hipotético no tiene tanto?
En un comienzo, los buenos comportamientos y los relacionados con el aprendizaje en Lucas eran reforzados positivamente por medio de la atención de sus maestros. A medida que el tiempo fue pasando este refuerzo fue disminuyendo, pero no la necesidad de reconocimiento social del pequeño. Por medio de los problemas de conducta obtiene el mismo reforzador al cual antes tenía acceso trabajando en clase, esto es, la atención de sus docentes.
¿De qué manera podríamos aplicar un procedimiento de reforzamiento diferencial? Si bien fue mencionado al comienzo del apartado, el primer paso sería por supuesto realizar un análisis funcional del comportamiento. Aquí y haciendo trampa, dimos por hecho que su comportamiento estaba mantenido por atención, pero esto no es así siempre. Por medio del AFC, comprenderemos que variables contextuales están relacionadas con las conductas en cuestión, y que función cumplen las mismas. A su vez, por medio de un registro conductual, debemos obtener lo que se llama la línea de base, que no es más que una exploración de cuantas veces, con cuánta duración y con qué intensidad, se presentan los comportamientos problemas en ausencia de intervención. Así se podrá establecer con posterioridad si los procedimientos utilizados son efectivos o no, y diagramar otras intervenciones que complementen o reemplacen a las aplicadas.
Seguido a esto, debemos identificar conductas alternativas a las problemáticas, y aplicar reforzamiento a las mismas de manera contingente a su ocurrencia; a la vez que pondremos bajo extinción burlas y gritos. Aquellos momentos en los que se encuentre atendiendo a las consignas, participando en clase, realizando ejercicios o incluso en silencio, pueden ser objetivos conductuales para reforzar. A su vez y en contraposición, los maestros en lugar de darle regaños cada vez que Lucas se burla de ellos, podrían ignorarlo. En algún punto, deben volver a tratar a su alumno de la misma manera en que lo hacían cuando no presentaba estos inconvenientes.
Existen en la bibliografía diferentes tipos de reforzamiento diferencial. Algunos de ellos son:

·        reforzamiento diferencial de tasas altas
·        de tasas bajas
·        de otras conductas
·        de conductas incompatibles


Si bien cada uno tiene sus particularidades, comparten el principio de reforzar ciertos comportamientos, mientras otros son puestos bajo extinción. Si ubicamos en un cuadro las principales variables en una intervención, podría quedar de la siguiente manera:



Conductas a reforzar/ enseñar
Conductas problema
Se refuerza
SI
NO (extinción)
Esfuerzo para realizarlas
Poco
Mucho
Acceso a refuerzo con otras personas/lugares
SI
NO
Cantidad de refuerzo
Mucho
Nada o poco
Tiempo en conseguir refuerzo
Inmediato
Demorado o sin refuerzo


Aclaraciones y comentarios finales

El presente artículo no pretende ser un ejemplo de como realizar un procedimiento de reforzamiento diferencial. Si bien se mencionaron herramientas que siempre deben tenerse en cuenta, como el análisis funcional, se las trató de manera superficial. En algunos casos a su vez, como cuando se presentan comportamientos auto o heteroagresivos, no es posible extenderse en líneas de base y la intervención debe darse lo más pronto posible.
Tampoco el objetivo es sugerir que a los problemas de conducta es preciso ignorarlos para que se reduzcan. Si no comprendemos qué función tiene el comportamiento en el ambiente donde ocurre, es más probable que el mismo se mantenga o aumente, a que disminuya. Siguiendo el ejemplo de Lucas, si éste en lugar de buscar refuerzo social por medio de la atención de los adultos, buscara evitar realizar las tareas, ignorándolo solo lograríamos que continúe evitando sus tareas.
Por último, un procedimiento como el descrito aquí, puede aplicarse no solo en ámbitos educativos y entre niños y adultos, sino que es generalizable a infinidad de situaciones y contextos.
La intención del artículo ha sido poner de manifiesto una herramienta de gran utilidad a la hora de buscar un cambio conductual, y también visibilizar situaciones que suelen repetirse en ámbitos educativos, clínicos y la vida en general. No es necesario hablar de personas con diagnósticos para encontrar escenarios como el ejemplificado.
Un segundo objetivo fue mostrar la óptica del análisis de la conducta a la hora de intervenir sobre una problemática. Es frecuente encontrar personas que cargan con etiquetas como <<desobediente>>, <<oposicionista>>, <<caprichoso>>, interpretando su comportamiento como una cualidad interna, y desviando la atención de la influencia del contexto en la forma en la que se comportan. Una verdad incómoda pero frecuente, es que extendidos en el tiempo, estos problemas terminan minando las relaciones de las personas involucradas. Es que si algunas personas <<son>> oposicionistas o caprichosas, la responsabilidad recae en ellas, que se manejan así porque simplemente lo desean. Es hasta en cierto modo natural que alguien que pasa muchas horas con personas con estas características, se termine formando una opinión negativa de ellas si adopta esa perspectiva.
Desde los abordajes conductuales en cambio, pensamos los problemas de otra manera. En lugar de adjudicar responsabilidades y etiquetas personales, con las consecuencias que esto tiene en cuanto a nuestra eficacia profesional y la calidad de las relaciones, ponemos el foco en el ambiente, entendiendo nuestro comportamiento como función del mismo y no como una característica interna de la persona que lo lleva a cabo.



Referencias

Miltenberger, R. (2013). Modificación de conducta. Principios y procedimientos. Ediciones Pirámide. España.


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